Abre una ventana que no sea electrónica, respira. Era de mañana, la gente aún no salía a trabajar, y tenías el cuello marcado por esa soga. Vivir a veces cuesta un poco de muerte: ese niño caprichoso del que debes aprender a despedirte. El mismo niño curioso del que ojalá no te separes jamás.





Según parece, los cielos sufren a menudo de picazones. Bueno, para eso están los rascacielos. A ciertos cielos tenebrosos, como el de Nueva York, los rasca el Empire State Building, que ha suplido en esas funciones a las desdichadas Torres Gemelas.